A menos de 50 días para que el balón comience a rodar en la Copa Mundial de la FIFA 2026, la atención no solo reside en las listas de buena fe de Scaloni o Ancelotti. En los despachos de Zúrich y Nueva York, se ha terminado de consolidar una "plantilla corporativa" donde el talento latinoamericano ha logrado una posición sin precedentes.
Entre gigantes históricos como Coca-Cola, Adidas y Visa, Globant se erige como el único socio regional con la responsabilidad de ser la columna vertebral tecnológica del evento deportivo más masivo de la historia.
La relación de la compañía liderada por Martín Migoya con la máxima entidad del fútbol no es nueva, pero sí más profunda. Tras el éxito de la plataforma FIFA+ en Qatar 2022, el acuerdo renovado en Nueva York a finales de 2025 posiciona a la firma argentina no solo como un proveedor, sino como un consultor estratégico. A través de su unidad Sportian, Globant busca trasladar el know-how aplicado en LaLiga de España hacia una audiencia global estimada en 6.000 millones de personas.
El gran desafío para Globant en 2026 reside en la escala. Mientras que tecnologías como el VAR intervienen en la justicia del juego, el desarrollo del unicornio argentino opera en la capa de experiencia del usuario. La personalización de contenidos y la integración de datos en tiempo real son activos críticos para una FIFA que busca capturar a las nuevas generaciones, más habituadas al consumo fragmentado y digital que a la transmisión lineal de 90 minutos.
Sin embargo, el escenario no está exento de obstáculos. Globant compite en un ecosistema donde la hegemonía de Silicon Valley es total y donde la infraestructura necesaria para sostener experiencias inmersivas en tres países simultáneos (EE. UU., México y Canadá) pondrá a prueba la robustez de su arquitectura de software. La presión es absoluta: en un Mundial, un error en la plataforma digital se traduce en millones de reclamos en segundos. La firma argentina no solo representa su marca, sino la capacidad de exportación de servicios de alto valor de toda una región ante los ojos del mundo.
Frente a esta integración de inteligencia artificial y análisis de rendimiento que ya utilizan clubes y selecciones, cabe preguntarse: ¿logrará la digitalización extrema del Mundial 2026 profundizar el vínculo emocional del hincha o terminará por convertir al fútbol en un producto excesivamente analítico y predecible?
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